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El cementerio desaparecido

A diferencia de Kazimierz, en Cracovia, en Singapur, ningún cemento une hoy el pasado con el presente. La tierra es escasa, los edificios son Torres, el centro comercial (el mall) es la religión principal y los muertos no competen a los vivos. Pero lo que vive siempre se une a la muerte.


«La [primera] zona europea destinada a entierros se dispuso justo en frente de la cabaña del Gobierno, así que pronto se le buscó mejor emplazamiento, y escogieron el actual sitio del Cementerio Viejo (en uso hasta 1865, año en que se abrió el de la carretera de Bukit Timah). Muy pocas personas visitan ocasionalmente el cementerio viejo, y sin embargo la historia se lee en sus lápidas, sometidas a una rápida descomposición y derrumbe. Las inscripciones en granito casi están borradas por el tiempo, y las que estaban sobre planchas de yeso ya han desaparecido del todo. Los nombres sobre placas de mármol se han conservado notablemente mejor. Una de las lápidas de 1821debió de trasladarse a este cementerio desde el anterior, donde ahora se yergue el mástil de la bandera.»


En 1819 el cementerio estaba en frente de la cabaña de Raffles en la Colina del Gobierno, cerca del mástil con que en 1822 el plan del teniente Jackson marcaría  su plan de ordenamiento y desarrollo. Ya entonces se había hecho necesario un cementerio mayor y así se abrió en 1822, hacia abajo de la colina, un cementerio que estaría en uso hasta 1865. Consagrado en 1834 por el obispo Wilson de Calcuta, fue inicialmente cementerio anglicano y de otras confesiones protestantes, pero en 1835 se reservó el extremo norte para los católicos, aunque esta separación de muertos en realidad solo empezó a aplicarse a partir de entonces.

«El muro central divide la parte protestante de la católica, sobre lo cual hubo mucha correspondencia entre el Padre Beurel y el Gobernador Butterworth. Durante algunos años no se había hecho diferencia, como se dice que era práctica normal en la India.»

En 1846, construyeron un muro de ladrillo para rodear el cementerio, y añadieron en las entradas norte y sur dos arcos monumentales diseñados por el capitán Charles Faber. Por entonces el cementerio miraba al mar en una suave pendiente, más por casualidad que por voluntad expresa. Enormes edificios de oficinas y la extensión de la tierra sobre la bahía hace tiempo que destruyeron esta perspeciva. Pero aún iba a ser peor.


En 1863 el cementerio estaba lleno y lo cerraron: en el clima tropical, las tumbas de ladrillo y yeso se desintegraron rápidamente y las lápidas se volvieron ilegibles. Al igual que en tantos sitios, las piedras se aprovecharon para otros usos.

«En una ocasión, el compilador de este libro, tratando de determinar la fecha de muerte de un antiguo habitante de Singapur, encontró al cuidador nativo del cementerio usando una vieja lápida, con una inscripción grabada, como piedra para moler curry.»


El Registro de Entierros, si alguna vez existió, se perdió en el traspaso de la Compañía de las Indias a la Corona en 1867. El deterioro físico de las tumbas y la falta de registros ha sido desde hace mucho tiempo motivo de controversia pero, desde luego, no una prioridad para el desarrollo de la burguesía ciudadana.

«Las lápidas del cementerio viejo, en la ladera de la colina, parecen ahora un monumento a la desaparición gradual de la memoria de muchos de los habitantes más antiguos de Singapur , en lugar de un monumento a quienes yacen allí. Las tumbas que se mantienen en pie se están deshaciendo rápidamente en pedazos y las inscripciones cada día más ilegibles. De vez en cuando, particulares con la ayuda del Departamento de Obras Públicas limpian y pintan las inscripciones o colocan en su lugar los ladrillos y las piedras de granito. Cuando Sir Frederick Dickson fue Secretario Colonial, hacia 1886, se encargó de esto. Es una pena que estas antiguas inscripciones se tengan que perder, y el Gobierno podría quizás contratar a un empleado durante un mes o dos para copiarlas, mientras sean legibles, para luego trasladarlas en orden alfabético a un libro que se conserve en la Biblioteca, tanto más cuanto que en el cementerio no constan los registros de entierros. Puede que haya copias en Calcuta, pero es muy dudoso. La gran escasez en general de cualquier documento previo a la transferencia de 1867 es muy notable.»

Tal vez todos debamos aceptar que algunos documentos desaparecieron en la transferencia.

Sólo en 1912 H. A. Stallwood dio fin a un registro y lo publicó en el número 61 del Journal of the Straits Branch of the Royal Asiatic Society. La Biblioteca Nacional de Singapur tiene una copia en microfilm, pero una búsqueda lineal y la obligada lectura de los negativos en blanco y negro convierte su consulta en una penitencia. (¡Ya no recordamos lo mucho que tuvimos que trabajar con este tipo de medios!). La Biblioteca Británica, sin duda, tiene una copia, pero por fortuna, hallamos un ejemplar en el librero de viejo parisino Oriens. Tenemos ese espléndido volumen que retrata a la perfección el cementerio en decadencia, justo antes de que desapareciera. Vamos a utilizar este «quién es quién» fúnebre para guiarnos en las siguientes entradas.


El año 1859, agitado por acontecimientos como la Guerra de Crimea, la presencia de los barcos de guerra rusos en el Mar de China, y el motín de la India, se tomó la decisión de demoler la Casa del Gobernador y construir un fuerte que se llamaría después del Vizconde Canning, Gobernador General y primer Virrey de la India (1856-1862). El cementerio, en consecuencia, tomó el nombre de Cementerio de Fort Canning. El fuerte nunca estuvo activo: su línea de visión estaba obstruida embarazosamente por la fortaleza de Pearl’s Hill, y estaba demasiado alejado de la orilla. Además sus cañones de 68 libras apenas alcanzaban el puerto. Al final, su papel fue el de una estación de señales: de alarma de incendios y marcador horario. Un cañón pequeño disparaba a las cinco de la mañana, al mediodía y a las nueve de la noche. Esto terminó en 1896 y la fortaleza fue demolida en 1927.


En 1954, el deterioro había ido tan lejos que la mayoría de las lápidas —como la del teniente Wladimir Astafiew— habían sido retiradas: algunas fueron puestas en los muros norte y sur, donde aún permanecen. Durante los veinte años siguientes las tumbas se limpiaron debidamente, y en la actualidad el cementerio es un parque donde se hacen fotos de moda, reportajes de bodas y conciertos al aire libre. Las lápidas en los muros siguen su inexorable declive y están completamente ilegibles, en muchos casos corroídas por líquenes y taladradas por galerías de hormigueros. Wabi-sabi sería una interpretación demasiado generosa. Se han hecho algunas listas en los últimos años, y el Archivo Nacional de Singapur guarda calcos en carbón que pueden ayudar a descifrar los textos desaparecidos. Volveremos a visitar a algunos de los que fueron enterrados aquí.

Fuentes.
Journal of the Straits Branch Royal Asiatic Society, 1912, 61, 77
An Anecdotal History of Old Times in Singapore, Charles Buckley, 1902

The Cemetery that Disappeared

Unlike Krakow’s Kazimierz, in Singapore no glue attaches the Past to Present. Land is scarce, buildings are Towers, the Mall is religion and the dead do not compete with the living. But the living always join the dead.


“The [first] European burial ground had been placed just in front of the Government bungalow, so a better place was looked for, and the present site of the old burial ground (which was used until 1865 when that in Bukit Timah Road was opened) was selected. Very few persons ever visit the old Cemetery now, and yet there is a history to be read in the tomb-stones, which however are fast decaying and tumbling down. The inscriptions in granite are almost effaced by time, and those on plaster have all tumbled away. The names on marble plates have lasted by far the best. One of the tomb-stones of 1821 must have been moved into this Cemetery from the former one where the flagstaff is now.”


The cemetery in 1819 was in front of Raffles’ bungalow on Government Hill, close to the flagstaff marked on Lieutenant Jackson’s 1822 plan for the growing settlement. A larger burial ground was soon needed and a cemetery lower down the hill was opened in 1822 and remained in use until 1865. Consecrated in 1834 by the Bishop Wilson of Calcutta, the burial ground was initially for those of the Anglican Church and ʻother Protestants’, but the northern end was opened to Roman Catholics in 1835 though this division of the dead had earlier been ignored.

“The wall up the centre divides the Protestant from the Roman Catholic portion, about which there was much correspondence between Padre Beurel and Governor Butterworth. For some years no difference had been made, as was said to have been the practice in India”.

In 1846 a brick wall was built to enclose the cemetery, and two monumental arches designed by Captain Charles Faber were added at the Northern and Southern entrances. At that time the gently sloping burial ground overlooked the sea, more by accident than geomancy. High-rise office blocks and land reclamation from the harbour long ago removed this perspective, but more was to come.


By 1863 the cemetery was full and closed to further burial: in the tropical climate, brick and plaster tombs were rapidly disintegrating and the tombstones becoming illegible. Like tombs everywhere, the stones could be put to other uses.

“On one occasion the compiler of this book, going to try to ascertain the date of the death of an old Singaporean, found the native caretaker using an old tombstone with an inscription on it, as a curry grinding stone.”


A Record of Burials, if ever it existed, was lost on the handover from the East India Company to the Crown in 1867. Physical deterioration of the graves and the lack of records had long been a matter of concern, but for a burgeoning Entrepôt, not a priority.

“The tombstones in the old cemetery on the hill-side seem now like a memorial of the fading-out of memory in Singapore of many of the oldest inhabitants, rather than a monument of those who were laid there. The tombs which are still standing are fast falling into pieces and the inscriptions becoming illegible. From time to time, by private persons and the help of the Public Works Department, the inscriptions have been cleaned or repainted, and the fallen brickwork or granite stones replaced in position. When Sir Frederick Dickson was Colonial Secretary he had this done, about 1886. It seems a pity these old inscriptions should be lost, and the Government might, perhaps, employ a clerk for a month or two, to copy such as are still legible, and then have them written alphabetically in a book to be kept in the Library, the more so as the registers of burials in that cemetery are not to be found. There may be copies in Calcutta, but it seems very doubtful. The great dearth in general of all the documents before the Transfer in 1867, is very remarkable.”

Perhaps it suited everyone that some documents went missing at Transfer.

Only in 1912 was a register was finally compiled by H.A. Stallwood and published in Volume 61 of the Journal of the Straits Branch of the Royal Asiatic Society. The National Library of Singapore has a microfilm copy, but linear searching and reversal of black and white figures made reading a penance. (Yet how common microfilm used to be). The British Library would doubtless have a copy, but by good fortune, a copy was found in the Paris antiquarian bookseller Oriens, and purchased. A splendid volume, it captures perfectly the already decaying cemetery just before it finally disappeared. We will use this ʻwho’s who’ of the cemetery to guide our further posts.


In 1859, troubled by world events, not least the Crimean War, Russian warships in the China Sea, and the Indian Mutiny, the decision was made to demolish the Governor’s House and build a Fort to be named after Viscount Canning, Governor-General and First Viceroy of India (1856-1862): the cemetery consequently took the name of Fort Canning Cemetery. The Fort was never effective: line-of-sight was embarrassingly obstructed by the existing Fort on Pearl’s Hill and it was too far from the shore. Even its 68-pounder guns could barely reach the harbour. In the end its role became that of a signal station, a fire-alarm and time-keeper. A smaller cannon was fired at 5am, noon and 9pm. This ceased in 1896 and the Fort was demolished in 1927.


By 1954, the deterioration had gone so far that most of the gravestones – like that of Lieutenant Wladimir Astafiew – had been removed: some of the headstones were set in the North and South walls, where they remain today. Over the next twenty years, the graves were appropriately cleared, and today the cemetery is parkland, home to fashion-shoots, wedding portfolios and open-air concerts. The headstones set in the walls continue their inexorable decline and are completely illegible in many cases, corroded by lichens and home to voracious ants. Wabi-sabi would be too generous an interpretation. Others have made listings in recent years, and the National Archive of Singapore has images of charcoal rubbings than can assist in deciphering vanished text. We will come back to look at some of those who were interred here.

Sources.
Journal of the Straits Branch Royal Asiatic Society, 1912, 61, 77
An Anecdotal History of Old Times in Singapore, Charles Buckley, 1902

Armenian Apostolic Church of St. Gregory the Illuminator - the Sculptures



The oldest church in Singapore is the Armenian Church of St. Gregory the Illuminator. Today, a listed National Monument, it is no longer in active use as a church, though it is a fashionable location for weddings and occasional services are held there. Charles Burton Buckley’s “An Anecdotal History of Old Times in Singapore 1819-1867”, describes its beginnings thus:
“The old minute book of the Armenian Church shows that on 8th January, 1825, a meeting was held and a letter was written to one of the Archbishops in Persia asking that a priest might be sent to Singapore. The letter was signed by Johannes Simeon, Carapiet Phanos, Gregory and Isaiah Zechariah, Mackertich M. Moses, and Paul Stephens. On June 23rd, 1826, there was further correspondence with the Archbishop. On 23rd September, 1827, there was a meeting to decide about a place to hold the services when the priest should arrive; and subscriptions were collected. In July, 1827, the Rev. Gregory ter Johannes, the priest, had arrived, and a meeting was held to provide for the ecclesiastical vessels and ornaments that were required. The services were first held in a room behind where John Little and Co. are now. Soon afterwards the Archbishop Gregory came on a visit to Singapore. In September a small room was rented for the services in what was spoken of as “the Merchant’s Square,” where Powell and Co. are at present. A minute says that the expenses for rent, servants, and the salary of the Priest amounted to $63 a month. The minutes until 1833 contain many records of subscriptions received in Singapore and from Calcutta and Java for the fund for building a Church. In March, 1833, an appeal was made to their friends in the European community, and on 29th March a letter was written to Mr. Bonham, the Resident Councillor, asking for the grant of a piece of land for the Church, facing the Esplanade or at the foot of the Government Hill. This was not successful, and on 23rd April another letter was sent asking for another piece of ground “lying at the Botanical Gardens facing the public road called «the Hill Street.»” This was granted, and the Church now standing was built there. In January, 1835, the Church was finished and ready to be consecrated. The total cost was $5,058.30, which was made up by the contract price to a Kling contractor, $3,500; Mr. Coleman, the Architect and Engineer, $400; sundry expenses for materials, etc., $708.36; and vestments, ornaments, etc., $449.94. The amount subscribed was $3,224.52 of which $466 was by European residents in Singapore; $573.22 from Calcutta; $402.88 from Java, and $173 from Armenians passing through Singapore. The rest was from the Armenian community in the place.”
(The sums involved were most likely Spanish Silver Dollars).



We will return to the Armenians in Singapore and the Church of St. Gregory the Illuminator in future posts, but for now, on Good Friday and at the begining of the Easter Vigil, we ask a question. In the grounds of the oldest Church are a number of modern sculptures, mostly relating to the Passion of Christ. We are unable to name the sculptor, date the works, or so far find any information. The Roman in military dress could be Pontius Pilate addressing the crowd, but his gesture seems unsuited to offering to release his unwanted prisoner. We solicit the wisdom of our readers on what the gesture implies, while we look for further information.

























Поручик Владимир Астафьев

“Возведен при поддержке
Российского Императорского Консульства
в Сингапуре”


В заброшенном углу давно упраздненного Христианского Кладбища на сингапурском Говернмент Хилле - сегодняшнего Форт Кеннинг Парка – стоит изящная группа надгробных памятников, слишком аккуратно, чтобы поверить, что они были первоначально там поставлены. Их стиль – античный и мрачный, как подобает их возрасту, в основном серые от дождя, сломанные, они стали гнездами для муравьев и тропических лишайников. Кроме одного.


Памятник поручика Владимира Астафьева, который бросается в глаза простотой белого мраморного креста и золотых букв, и сегодня показывает признаки ухода. Венок с цветами флага России был недавно возложен у подножия. Элегантно выгравированные буквы со свежей позолотой четко читаются на бело мраморе. Но нет никакой дополнительной надписи или маленькой таблички, чтобы сообщить нам, кто был поручик Астафьев или почему его жизнь закончилась так далеко от дома.

Кто был покойный поручик Императорского Русского Флота, который умер в Сингапуре в 1890 году, на 30-ом году жизни, в расцвете сил?


Во-первых, дата смерти: 1890. Старое Христианское Кладбище, освященное в 1834 году пятым епископом Калькутты, быстро заполнилось, и с 1865 года было закрыто для дальнейших захоронений. И действительно, архивные источники показывают, что поручик Астафьев был похоронен не здесь, а в христианском кладбище в районе Букит Тима. Со временем оно тоже было заполнено и закрыто, а земля была отдана тем, кто жив, и некоторые нагробные памятники перенесли в Форт Кеннинг Парк. Астафьевский памятник был одним из них.

Мы предполагаем, что поручик Владимир Астафьев был навигатором, потому что на обратной стороне постамента написано “поручик корпуса флотских штурманов”. На третьей стороне – надпись “Erected by the Care of the Imperial Russian Consulate at Singapore” (“Возведен при поддержке Российского Императорского Консульства в Сингапуре”), а четвертая сторона осталась пустой. Поиск в интернете на английском ничего не дает, но с поиском на русском картина начинает проявляться. Из ноябрьского номера 1975 года журнала Вокруг Света мы узнаем, что Стрейт Таймс на 24 октября 1890 года сообщил о захоронении поручика Владимира Астафьева со всеми военно-морскими почестями: “Гроб был драпирован в цвета российского флага. В церемонии принимали участие российский консул, экипаж английского крейсера «Порпоиз», офицеры и оркестр 58-го английского пехотного полка и другие офицеры армии и флота.”


Мы знаем еще немного о жизни русского морского офицера, волею судьбы оказавшегося в Сингапуре. У Корпуса Флотских Штурманов была независимая командная структура до 1885 года, когда он был распущен, а его сотрудники были включены в императорской флот. Поручик Астафьев был вероятно одном из последных курсантов старой штурманской школы. Известно, что он был членом экипажа русского крейсера «Адмирал Нахимов», одного из тех судов, которые должны были присоединиться к эскадре цесаревича, позднее Николая 2-го, последнего царя, состоявшей из трех фрегатов: «Память Азова», «Владимир Мономах» и «Адмирал Корнилов». В 1890 году готовилось большое путешествие членов царской семьи на Восток: в Египет, Индию, Цейлон, Таиланд, Сингапур, Японию и другие страны. И поручик Астафьев направлялся на зафрахтованном английском судне на Тихоокеанскую эскадру по месту службы, однако в пути он заболел тропической лихорадкой и был выписан на берег в Сингапуре. После двух месяцев, проведенных в госпитале на 23 октября 1890 Астафьев умер.

Московские архивы сохранили письма вдовы Астафьева — Ларисы Николаевны, жившей в Новгороде, на Большой Михайловской улице, которая спрашивала о всех подробностях, о последних минутах жизни мужа. Сохранились ответы генерального консула Артемия Марковича Выводцева, который недавно прибыл из Гамбурга в Сингапур; в одном из них он подробно описывает, как выглядит памятник-крест из каррарского мрамора. Кстати, именно по инициативе российского консула в Сингапуре на флоте была открыта подписка на сооружение памятника русскому моряку.

Это крест, который мы видим сегодня такой же свежий и яркий, как более века назад, когда он был воздвигнут. Мы хотим посвятить это краткое сообщение памяти поручика Астафьева и его вдовы. Тропическая лихорадка – это страшная болезнь, как тогда, так и сейчас.

Lieutenant Wladimir Astafiew

“Erected by the Care of the
Imperial Russian Consulate
at Singapore”


In an unremarked corner of the long since deconsecrated Christian Burial Ground of Government Hill – today’s Fort Canning Park – stands a neat group of funerary memorials, too ordered to be in their natural home. The style is ancient and gloomy as befits their age, and they are mostly rain-washed grey, broken and home to ants and tropical lichens. Except one.


Striking in the simplicity of a white marble cross and gold lettering, the memorial to Lieutenant Wladimir Astafiew shows evidence of continuing care. A recent wreath with ribbons in the colors of the Russian flag, lies at the base. The gold lettering is precise and elegant against the white marble. Yet, there is no other marker, no small plaque telling us who Lieutenant Astafiew was, or why his life ended so far from home.

Who was the late Lieutenant of the Imperial Russian Navy, who died in Singapore in 1890, just 30 years old, a life still to be lived?


First the date of death, 1890: the old Burial Ground, consecrated in 1834 by the 5th Bishop of Calcutta, rapidly found occupants, and by 1865 was closed to further burials. The archives reveal that Lieutenant Astafiew was interred not on Government Hill, but in the Christian Cemetery at Bukit Timah, and as that in turn filled, the land was eventually reclaimed for the living and some memorials of note moved to Fort Canning Park. The Astafiew memorial was one of those moved.

We surmise that Lieutenant Wladimir Astafiew was an officer navigator, for on the plinth reverse is written “поручик корпуса флотских штурманов”, that is “Lieutenant of the Corps of Naval Navigators”. One of the side panels has “Erected by the Care of the Imperial Russian Consulate at Singapore”, while the fourth panel is blank. Google searches in the English language reveal nothing, but a Russian language Google search begins to fill in the picture. The prestigious travel journal Вокруг Света (“Around the World”) in a November 1975 issue, tells us that the Straits Times of October 24th, 1890, reported the burial of Lieutenant Wladimir Astafiew with full naval honors. “The coffin was draped in the colors of the Russian flag and the ceremony was attended by the Russian consul, the crew of the British cruiser “Porpoise”, officers and Band of the 58th British Infantry Regiment and other officers of the army and navy”.


We know a little more about the life of this Russian Naval Officer, caught by fate in Singapore. The Corps of Navigators had an independent command structure, and in 1885, its purpose served, it was disbanded and its officers subsumed into the Imperial Navy. Lieutenant Astafiew was likely one of the last cohort to be trained under the old structure. He was attached to the Russian cruiser “Admiral Nakhimov”, one of the ships detailed to join a squadron of three frigates, “Memory of Azov”, “Vladimir Monomakh” and “Admiral Kornilov”. These constituted the personal fleet of the Czarevich, the later Nicholas II (and the last Czar) who with some relatives, was on a tour from Egypt to Japan. We surmise that Astafiev’s ship, the “Admiral Nakhimov” was to join this distinguished convoy probably for purposes of defense and for an increased visibility of the journey. Sadly, he contracted Dengue en route to joining the “Admiral Nakhimov”, and after two months in hospital in Singapore, on October 23rd 1890, he died.

From the Moscow archives, letters from his widow, Larissa Nikolaevna to the Consul General tell us the Astafiew home was in Novgorod. The Consul General Artemy Markovich Vyvodtsev, newly arrived in Singapore from Hamburg, tells her of the monument to her husband, a cross in Carrera marble.

That is the cross we see today, a visible tribute as fresh as when first raised over a century ago. We wish to honor Lieutenant Astafiew and his widow with our short post. Dengue fever, then as now, is a terrible disease.

¿Pirata, corsario o filibustero?


MARE LIBERUM
SIVE
DE IURE QUOD BATAVIS
COMPETIT AD INDICA-
NA COMMERCIA
DISSERTATIO


CAPUT I


Iure gentium quibusvis ad quosvis libe-
ram esse navigatione

Por la Ley de las Naciones, la navegación es libre para cualquier persona

Mi intención es demostrar breve y claramente que los holandeses —es decir, los súbditos de los Países Bajos Unidos— tienen derecho a navegar a las Indias Orientales tal como están haciendo ahora, y a entablar comercio con las gentes de allí. Voy a basar mi argumentación en el siguiente axioma, bien específico e impecable, de la Ley de las Naciones Unidas, definido como norma primaria o primer principio y cuyo espíritu es por sí mismo evidente e inmutable, a saber: Cada nación es libre de viajar a cualquier otra nación y comerciar con ella.
El mismo Dios así lo dice usando la voz de la naturaleza; y en la medida en que no es su voluntad que la naturaleza provea a todos los lugares de todas las necesidades de la vida, Él ordena que unas naciones sobresalgan en un arte y otras en otro.


¿Por qué es ésta Su voluntad, sino por haber querido que las amistades humanas se engendren a partir de las necesidades y de los recursos compartidos, pues de otro modo, considerándose las personas por completo autosuficientes, se harían por tal razón asociales? Así, mediante un decreto de justicia divina se logra que un pueblo deba satisfacer las necesidades de otro, en orden, según dice el escritor romano Plinio, que lo que se haya producido en un lugar cualquiera se muestre como destinado a todos.

CAPUT II

Lusitanos nullum habere ius dominii in eos
Indos ad quos Batavi navigant
titulo inventionis

Los portugueses no tienen derecho de soberanía, a título de
descubrimiento, sobre las Indias Orientales
donde los holandeses viajan.

Los portugueses no son soberanos de aquellas partes de las Indias Orientales adonde los holandeses navegan, es decir, Java, Ceilán y la mayoría de las Molucas. Esto se prueba por el argumento incontrovertible de que nadie es soberano de una cosa que nunca ha poseído y que nadie ha ofrecido nunca en su nombre. Estas islas de que hablamos, ahora y siempre han tenido sus propios reyes, su propio gobierno, sus propias leyes y sus propios sistemas jurídicos. Sus habitantes permiten que los portugueses comercien con ellos, al igual que conceden a otras naciones el mismo privilegio. Por tanto, desde el momento en que los portugueses pagan peajes y tienen que obtener permiso de los gobernantes locales para comerciar, se prueba suficientemente que no van allí como reyes sino como extranjeros.
CAPUT III



Lusitanos in Indos non habere ius
dominii titulo donationis
Pontificiae

Los portugueses no tienen ningún derecho de soberanía sobre
las Indias Orientales, en virtud del título basado en la
Donación Pontificia

Además, si los portugueses van a utilizar como autoridad para su jurisdicción sobre las Indias Orientales la partición hecha por el Papa Alejandro VI, entonces, ante todo, dos puntos deben ser tomados en consideración.
En primer lugar, ¿deseaba el Papa simplemente resolver las diferencias entre portugueses y españoles?

En segundo lugar, ¿pretendía el Papa conceder a dos naciones un tercio del mundo para cada una?

[Nota del traductor Magoffinat: «The Cambridge Modern History, I, 23-24 tiene una buena página sobre esta famosa bula del 14 de mayo de 1493 (modificada el 7 de junio de 1494 por el tratado de Tordesillas)»].

Imágenes: Yale Law Library
Traducción: Ralph van Deman Magoffinat (On Line Library of Liberty)
Traducción: (idem, Google Books)
ver también: Grotius Exhibit de la Yale Law Library



Sin querer interrumpir la solemne andadura de esta entrada, llegados a este punto nos gustaría saludar y presentar a la benevolencia de los lectores de Río Wang al nuevo autor de nuestro blog, Walter, que inaugura con este espléndido ensayo una serie sobre los secretos de su patria de elección, la fabulosa Singapur. (Studiolum)
Apología

El Mare Liberum o Mare Liberum, sive de iure quod Batavis competit ad indicana commercia dissertatio, de Hugo Grotius (Hugo de Groot) 1583-1645, trascendió su tiempo y lugar para convertirse en el fundamento del derecho marítimo. Publicado en 1609, deriva del De Jure Praedae, de 1604, escrito para la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC, Vereenigde Oost-Indische Compagnie) con el fin de justificar las agresiones que los holandeses cometían sobre los buques mercantes portugueses, y más en concreto, a causa de la captura de la Santa Catarina, una carraca portuguesa cargada de tesoros, en la entrada oriental del estrecho de Singapur, el 25 de febrero 1603. Las repercusiones de aquel acto fueron inmensas. ¿Fue un acto de corso, es decir, actuaron legalmente los piratas holandeses como corsarios, o no? ¿Era la VOC en realidad una avanzada de los Estados Generales Holandeses en su lucha contra España y por tanto, dada la unión de las coronas, en contra de Portugal?

Consideremos primero los difusos límites entre piratería, corso y filibusterismo:
«… la piratería, el corso y (como una ramificación legal de éste) el filibusterismo representan desde el punto de vista de las definiciones legales europeas actividades muy distintas. La piratería la ejercen personas particulares unidas en una banda al margen de la sociedad y, por tanto, también fuera de la protección de la ley. Los piratas fueron considerados enemigos del pueblo y del Estado. El corso, al contrario, es un concepto estrechamente relacionado con la idea de la guerra justa … Los corsarios operaban bajo una denominada patente de corso o carta de represalia (neerlandés: kaperbrief, commissie van retorsie). Se supone que técnicamente sólo podía expedirse una patente de corso si en realidad antes se habían sufrido daños del enemigo. La patente de corso, por lo tanto, permitía la incautación de bienes de un enemigo (declarado) como una forma de reparación de guerra. Esta lógica limitaba los ataques a los buques que navegaran bajo bandera enemiga (o bajo bandera de cualquier aliado a un enemigo) y exclusivamente en tiempos de guerra … Así estaba diseñado el corso desde un punto de vista legal teórico. La práctica real fue, por descontado, muy diferente, y el corso efectivamente se convirtió en una actividad de proporciones imprevistas y desmedidas durante el final del siglo XVI y principios del XVII
A fines del XVI y principios del XVII, los corsarios europeos estaban autorizados a apresar buques mercantes de un enemigo (declarado) bajo las instrucciones directas y explícitas de su gobierno, autoridades o puerto de origen. Por su parte, un filibustero (neerlandés: vrijbuiter; alemán: Freibeuter; francés: flibustier), término estrechamente relacionado, era alguien que podía haber capturado un buque legitimado por una patente de corso, en un acto de legítima defensa o represalia y respetando las leyes de guerra, pero que luego vendía el botín en el mercado libre sin esperar el veredicto del Tribunal del Almirantazgo local, declarando el buque tomado como «buena —o legítima— presa» y sin ceder a las autoridades de origen la parte correspondiente del botín, el llamado gerechtigheit van het land. No esperar el veredicto ni entregar la parte estipulada —habitualmente un 20 por ciento— a la Junta del Almirantazgo convertía técnicamente el acto de apresamiento en «ilegal», o cuando menos en algo muy problemático desde el punto de vista del gobierno local. En otras palabras, no cumplir con la infinidad de procedimientos y reglamentaciones que en el decurso de los siglos XVII y XVIII se arbitraron colocaba un acto corsario dentro de la piratería.
… los comerciantes que navegaban bajo pabellón español y portugués y que también habían sido víctimas del corso de la VOC a principios del siglo XVII a menudo etiquetaron a los holandeses en Asia no sólo como «rebeldes» en contra de su antiguo señor, el rey de España, sino también ladrones, matones, bandidos y por supuesto ‘piratas’.»

Con tan grandes botines al alcance de la mano, no es de extrañar que se emitieran cada vez más patentes de corso o represalia después de los hechos, con independencia de que los capitanes hubieran sufrido previamente daños; y el rápido aumento del comercio agudizó el problema en la última parte del siglo XVII.
«… La práctica del corso condujo al desarrollo de un tipo particular de ladrón marino que, a diferencia de los corsarios y los guerreros mercaderes de los siglos XVI y principios del XVII, no prometían fidelidad a una sola nación, sino que operaban como ‘freelances’ para un soberano u otro, o para varios a la vez … Este tipo de ladrones de mar sin escrúpulos se hicieron tan peligrosos precisamente porque siempre encontraban el apoyo de alguna nación, y nunca actuaron como enemigos de todas las naciones a la vez.»
‘Even in the remotests corners of the world’. Globalized piracy and international law, 1500-1900”, Kemp (2010) (citado por Borschberg).

Pero quizá corremos el riesgo de proyectar sobre los territorios del sureste asiático lo que es esencialmente un marco jurídico europeo
«‘Piratería’ era un término esencialmente europeo … Posteriormente sirvió para criminalizar unas actividades políticas o comerciales en el sudeste asiático que las poblaciones marítimas indígenas venían considerando hasta entonces como parte propia de su forma de gobierno, de su adaptación cultural-ecológica y de su organización social … una forma de interacción dinámica entre el asalto —merompak (malayo) o magooray (iranun)— y la inversión en el comercio marítimo de bienes de lujo, que era una característica importante de la economía política de la costa de los estados malayos. En efecto, la incursión o el asalto marítimo se entendía como una ampliación del comercio y de la competencia local-regional, y un mecanismo básico para la formación del estado, la recaudación de impuestos y los procesos de integración —forzada y voluntaria— y diseminación de las poblaciones a finales del siglo XVIII en el mundo del sudeste asiático».


La ruta marítima de la seda

Pero regresemos al acontecimiento que condujo a la redacción del Mare Liberum y a lanzar a la fama en los Consejos y Parlamentos de Europa al joven jurista Grotius (aunque más tarde fue acusado de traición a la patria y condenado a cárcel y exilio).

Durante gran parte del siglo XVI, los portugueses habían ampliado, apoyados en cierto secretismo, la rica vía comercial China - Estado da Índia.

El Pequeño punto rojo – una encrucijada clave

La ruta portuguesa entre Macao y el Estado da Índia pasaba por los estrechos de Singapur y Malaca hacia el puerto comercial de Melaka (en español, Malaca). Malaca había sido ganada por Afonso de Albuquerque al Sultán Mahmud Shah en 1511, y era un importante puerto donde esperar el paso del monzón, efectuar reparaciones y aprovisionarse de nuevos suministros. Las carracas portuguesas, escasamente armadas y con pesadas cargas, como los grandes mercantes de hoy, viajaban en convoy acompañados de los juncos chinos durante las tres semanas que duraba el viaje entre Macao y Malaca.

Vista general: de Macao a Goa

El camino más corto, a través de los estrechos, era muy peligroso tanto por estar plagado de piratas locales del archipiélago de Riau, como por los bajíos, los bancos de arena y las rápidas corrientes de los canales. Era difícil trazar bien la ruta, y siempre estaba el riesgo de quedar varado. La depredación de los piratas locales había tomado un giro más serio a principios del siglo XVII con la llegada de comerciantes y corsarios holandeses. La rivalidad diplomática en los tribunales de Johor y Aceh era intensa, y los holandeses recién llegados se esforzaron en desplazar a los antiguos titulares. La rivalidad comercial es una cosa; la depredación armada, otra.


25 de febrero de 1603: apresamiento de la Santa Catarina

El Reino de Johor se encontraba obligado, en principio, por un tratado portugués, pero los holandeses tenían una fuerte presencia allá, y el hermanastro del Rey, Raja Bongsu, estaba dispuesto a establecer alguna alianza con ellos. Es probable que los johoreanos advirtieran a las carracas portuguesas cuando se aprovisionaban de agua dulce en la isla de Tioman, antes del último tramo hasta Malaca.

Las carracas a final del siglo XVI eran buques de gran tamaño: la Santa Catarina desplazaba 1500 toneladas, marcaba 32 pies en vacío y no era fácil de manejar. El paso a través del estrecho sería aún más arriesgado de noche, incluso con luna llena, y a la luz del día requería de un piloto experimentado y familiarizado con las mareas y los puntos problemáticos. Quedaba poco margen para el error: los chubascos repentinos, entonces como ahora, reducían la visibilidad a cero.

De la isla de Tioman al río Johor River – Una trampa dispuesta

Tal vez por un chivatazo de los johoreanos, el Witte Leeuw y el Alkmaar del almirante Jacob van Heemskerk, unos barcos mucho más pequeños, aguardaban apostados en el estuario de Johor. En la madrugada del 25 de febrero de 1603, van Heemskerk fue informado de que se había avistado una carraca anclada de la flota chino-portuguesa. El Witte Leeuw y el Alkmaar rodearon la Santa Catarina antes de que pudiera huir y usaron casi todas las horas de luz para desarbolar a cañonazos sus velas y aparejo. Solo hubo un contendiente. Antes de caer la noche el capitán portugués Sebastião Serrão izó la bandera blanca y se ofreció a entregar el barco a cambio de asegurar la llegada de la tripulación y el pasaje a Melaka. Jacob van Heemskerk aceptó la rendición y de inmediato tomó algo de la carga como medida de precaución. Prevaleció el protocolo europeo y en marzo el Consejo de Melaka agradecía a van Heemskerk haber mantenido su palabra, aunque se señalaba con un punto de acidez que los holandeses habían sido afortunados al dar con tan valioso buque, y que debió caer en sus manos solo gracias a un «secreto e insondable juicio de Dios». El gobernador de Malaca, Dom Fernão de Albuquerque agregó que la defensa de la carraca se había visto obstaculizada por las muchas mujeres y niños a bordo, y que si van Heemskerk hubiera topado con uno de sus buques, el resultado sin duda hubiera sido distinto. Como vemos, una curiosa mezcla de guerra y formalidad

El contenido de la carraca lo transportó a Europa el almirante holandés van Heemskerk. El regreso tuvo algunos incidentes, y una vía de agua hizo que un buque tuviera que ser varado y usado para reparaciones. Con el retraso corrió la voz de la existencia del rico convoy, y se despertó cierto temor de que el inglés o el francés trataran de obtener su presa en el Canal.

El cargamento de la Santa Catarina se hizo legendario:
«1200 fardos de seda china cruda; cofres llenos de damasco teñido, atlas (un tipo de seda brillante), tafetanes y seda, grandes cantidades de hilo de oro o de oro hilado; ropas tejidas con hilo de oro; cobertores y doseles de cama de oro hilado, sábanas y colchas de seda, telas de lino y algodón, unas sesenta toneladas de porcelana incluyendo platos "de todo tipo y especie" cantidades enormes de azúcar, especias, goma, almizcle (también llamado bisem), camas de madera y cajas, algunas de ellas bellamente ornamentadas con oro, y "otras mil cosas más de las que se producen en China"» (Borschberg).
Comerciantes de toda Europa asistieron a la subasta en Amsterdam. La venta rindió 3.500.000 florines, la mitad del capital base de la VOC. Con todo y su carácter extraordinario, una carga así no era inusual. No es de extrañar, pues, que los holandeses estuvieran decididos a jugar todas sus bazas para ganar un acceso sin trabas al Este.

Los portugueses presionaron por todas las vías legales y diplomáticas a su alcance. El joven jurista Hugo de Groot (Grotius) fue contratado por la VOC y enseguida preparó el caso de la defensa al que nos hemos referido. El Consejo del Almirantazgo holandés se pronunció a favor de la VOC, marcando el inicio de la dura rivalidad entre holandeses y portugueses en las Indias Orientales. ¿Estaba van Heemskerk encargado de atacar a la marina mercante portuguesa, o fue un acto de corso sancionado una vez transcurrida la agresión? ¿Podían ser exclusivamente los Estados Generales quienes emitieran patentes de corso? ¿Era la VOC en realidad una procuración de los Estados Generales en asuntos de guerra? La decisión de la junta del almirantazgo holandés la conocemos, pero el concepto de Mare Liberum ciertamente no era aceptable para todos, ni para los portugueses ni para los ingleses. Lo que está claro, es que la subasta de los contenidos de la Santa Catarina reveló las grandes riquezas de China, y la hegemonía virtual de los portugueses en el sudeste asiático llegó a su fin.

(Peter Borschberg, un especialista en el conflicto luso-holandés, tiene un estudio académico —pero asequible— del incidente de la Santa Catarina).

Posdata

Cuatro siglos más tarde, los estrechos de Malaca y Singapur siguen constituyendo una de las rutas marítimas más transitadas del mundo. A pesar de que los buques cuentan de proa a popa y durante todas las horas del día y de la noche con las más modernas ayudas a la navegación y hay patrullas de seguridad armadas, la región sigue siendo un activo eje de la piratería.

Volveremos a estas regiones, pero acabamos por ahora esta introducción con la conmovedora solicitud del capitán Sebastião Serrão, un casado de Goa, al Almirante Jacob van Heemskerk. Serrão, que lo había perdido todo y había quedado varado lejos de casa, pidió humildemente a Heemskerk que le enviara «un pedazo de fieltro», «con el que poder coserse, él mismo, ropa nueva»
Para él sería no sólo un gesto de amistad, sino una limosna y un recuerdo de la miserable condición en que había sido capturado y más tarde puesto en libertad. (Borschberg).
No sabemos si su solicitud fue atendida. El 25 de febrero de 2011, nosotros ofrecemos esta entrada a la memoria del capitán Sebastião Serrão.