Agárrame ese fantasma

Henri Robin con un espectro. Foto de Eugène Thièbault, 1863. Es la hora de la muerte: nótese sobre la mesa el reloj de arena que se acaba de vaciar.

Ya hemos visto que la fotografía, mientras buscaba su ubicación entre las artes, creó en el siglo XIX un género de retratos de muertos, en concreto de niños muertos. Aquel período, entusiasmado por las posibilidades sin límite que ofrecía el desarrollo tecnológico, no se contentó con eso. Trató también de atrapar espíritus. Los ingenuos precursores de la psicología experimental, que sostenía que el espíritu era un tipo de materia delicada —el ectoplasma— aventuraron que el objetivo de la cámara tenía que ver más que el ojo humano, y que en circunstancias afortunadas debería ser capaz de captar las siluetas de los muertos que habitaban junto a nosotros. Y allí donde hay demanda hay oferta.

Retrato del poderoso editor Moses Dow con el espíritu de su fallecida asistente Mabel Warren.
Foto de William Mumler, ca. 1871.

La invención de la fotografía de fantasmas fue logro de William Mumler, de Boston, quien en 1861 descubrió en una de sus fotografías el vago perfil de un primo que había muerto no hacía mucho. A partir de entonces comenzó una serie de retratos donde los espíritus aparecían al lado de las personas fotografiadas. Tales prodigios fueron denunciados cuando los espectadores reconocieron entre aquellos espíritus borrosos a toda una serie de personas vivas y coleando en las calles de Boston, cuyos retratos había imprimido Mumler previamente en en el negativo de cristal. El método, sin embargo, ya estaba inventado y seguía su propia vía. Varios fotógrafos alcanzaron éxito en el segmento de mercado más prometedor para este negocio: los círculos espiritistas.

Mary Todd Lincoln con el espíritu de su difunto marido, el Presidente Abraham Lincoln.
Foto de William Mumler, ca. 1870-75.

El espectro de Lord Combermere, muerto cinco años antes, en la sala de lectura de Combermere Abbey, en Cheshire, Inglaterra. Foto de Sybell Corbett, 1891.


Rerato de grupo de un escuadrón del aire durante la I Guerra Mundial, con el espíritu de Freddy Jackson, muerto dos días antes, apareciendo por detrás de la cabeza de uno de ellos, 1919

Quien alcanzó mayor fama de todos fue William Hope (1863-1933), antes carpintero, que en 1905 hizo su primera fotografía donde aparecía un espíritu por detrás de un amigo suyo. A partir de entonces se convirtió en un invitado privilegiado de los círculos espiritistas, tanto que no podía cumplir todos sus encargos y acabó por fundar, junto con otros cinco fotógrafos adiestrados por él, una compañía de fotografía de fantasmas llamada el Círculo de Crewe. La empresa prosperó especialmente desde la Primera Guerra Mundial, cuando todo el mundo quería ver, al menos bajo la forma de esos espíritus oscuros, a sus seres queridos caídos en el frente. El trabajo de Hope recibió el aliento de los más grandes nombres, como el Arzobispo de la Iglesia Anglicana, Thomas Colley, o del mismísimo Sir Conan Doyle. A pesar de que sus trucos fueron revelados en un libro en 1922, su popularidad no disminuyó, al contrario, se mantuvo como un fotógrafo de referencia hasta su muerte en 1933. Su álbum de fotos fue encontrado en una librería de anticuario de Lancashire por un trabajador del National Media Museum, y recientemente se han publicado en la página web de este Museo.