Rezeptionsästhetik

Con la obra de Baltasar Gracián se han venido cometiendo toda suerte de abusos interpretativos, tantas veces comentados, hasta llegar a colocar una traducción al inglés del Oráculo manual y arte de prudencia en lo más alto de la lista de The New York Times de libros más vendidos, promocionado como breviario para triunfar en el despiadado mundo de los negocios.


Nosotros creíamos haber encontrado este verano la cita suya más descontextualizada de cuantas podemos imaginar. Estábamos bastante lejos de España, en la Galitzia oriental, hoy Ucrania, y la vimos encabezando este menú de un bar del centro de la ciudad de Lwów, concretamente en un local de la cadena Café-Café. Es una carta políglota, casi toda en inglés pero con la palabra española «plato» repetida, más esa transliteración ucraniana del nombre de nuestro escritor —Baltazar Hrasiyan—, a quien hacen firmar una sentencia hedonista. La afición en Lwów por lo hispánico es ciertamente notable, extendiéndose hasta Latinoamérica. Por ejemplo, en esta misma cafetería (y en cinco más del núcleo antiguo de Lwów) se cantan milongas y se bailan tangos con asiduidad. Y hasta hay una pizzería de nombre tan castizo como Pepito (Пиццерия Пепито).


Die Leidenschaft färbt alles, was sie berührt, mit ihren Farben es traducción aproximada de una frase contenida en el aforismo 80 («Atención al informarse») del Oráculo manual: «tiñe de sus colores la pasión cuanto toca».

Pues bien: ayer Aurora Egido, demostrando una vez más que nada que tenga ver con Gracián le es ajeno, nos mandó este despampanante anuncio alemán de un automóvil, el Lancia Voyager. Un paso más en las metamorfosis contemporáneas de la figura del jesuita. En esta ocasión ha sido crudamente convertido en autor de novela rosa. Toda esta apasionada composición iría de perlas con los textos de Corín Tellado, Danielle Steel o algo parecido. Así es la vida de la fama, y quién sabe qué retruécanos y agudezas habría suscitado todo ello en el autor de El Criticón.
80. Atención al informarse. Vívese lo más de información. Es lo menos lo que vemos; vivimos de fe ajena. Es el oído la puerta segunda de la verdad y principal de la mentira. La verdad ordinariamente se ve, extravagantemente se oye; raras veces llega en su elemento puro, y menos cuando viene de lejos; siempre trae algo de mixta, de los afectos por donde pasa; tiñe de sus colores la pasión cuanto toca, ya odiosa, ya favorable. Tira siempre a impresionar: gran cuenta con quien alaba, mayor con quien vitupera. Es menester toda la atención en este punto para descubrir la intención en el que tercia, conociendo de antemano de qué pie se movió. Sea la refleja contraste de lo falto y de lo falso.