Mutaciones

Diosa con piernas como serpientes (quizá Mixoparthenos), oro. obra griega, mitad del s. IV a.C., procedente de Kul Oba kurgan, de aquí

Los escitas, jinetes nómadas de origen iraní (la lengua viva más próxima es la de Osetia, perteneciente al grupo oriental del nuevo persa) aparecieron alrededor del siglo séptimo antes de Cristo al norte del Mar Negro, y tras expulsar a los cimerios pronto ocuparon la región entre los Cárpatos y el Cáucaso. A finales de la Edad Media, su memoria –junto con la de los sármatas y hunos– sólo sobrevivía en oscuros mitos del origen de algunos pueblos de Europa Central. Para la Europa antigua y medieval, su nombre servía para aludir en general, y durante largo tiempo, a cualquier pueblo nómada procedente del Este (aunque al respecto tampoco la forma usada por Heródoto aclara mucho), y la versión acadia (askuza/iskuza) que llegó al hebreo bíblico como אשכנז Askenaz, significaría los judios de Europa Central en la diáspora.

Cuando aparecen, sin embargo, son «los primeros bárbaros» de la historia de Europa, los primeros pueblos nómadas de Asia descritos en detalle por fuentes occidentales, especialmente Heródoto. Las costumbres atribuidas a los escitas, también contadas por Herodoto en el cuarto libro de su Historia (como que hacían tazas con los cráneos de sus enemigos) se convirtieron con el tiempo en tópicos de la literatura antigua y medieval europea, y se encuentran por igual en las descripciones de otros pueblos nómadas del Este.

Mixoparthenos del lapidario de Kerch.
De la actual gran exposición crimea del LVR-Landesmuseum, Bonn.

Heródoto narra varios mitos del origen escita, entre ellos uno que le fue contado «por los griegos que vivían a lo largo del Ponto». La historia dice que Heracles, cuando conducía el ganado de Gerión por el territorio de la futura Escitia, perdió las yeguas de su carro al guarecerse de una tormenta de nieve. Buscándolas llegó hasta una tierra llamada Hylaia (o Tierra Boscosa), donde en una cueva se encontró con un ser conocido como Mixoparthenos, que reinaba sobre la región. En la parte superior de su cuerpo era mujer pero tenía forma de serpiente doble en la parte inferior. Aquel ser le confesó que los caballos estaban en su poder y que, a cambio de devolvérselos, el héroe tendría que dormir con ella. Heracles finalmente engendra tres hijos –Agatirso, Gelono y Escita– con Mixoparthenos y le dice que aquel que sea capaz de doblar el arco de su padre y ceñirse como él su tahalí, merecerá ser rey de la región. Lo logró el hijo menor, Escita, antepasado de los reyes de Escitia; y así los escitas «en memoria de la copa de oro que colgaba del tahalí de Heracles, todavía llevan allí pendientes sus copas».

Octavo trabajo de Heracles: capturar a los caballos comedores de hombres del rey tracio Diomedes. Moneda de Sauromates II, rey del Bósforo, s. II. Fuente.

La extraña especie de sirena de esta historia mixta, que involucra elementos griegos y orientales, se convertiría pronto, según señala Neal Ascherson, en símbolo del Reino del Bósforo, que incluye las colonias griegas de la costa norte del Mar Negro y que contiene una mezcla cultural griega-escita-tracia, y también de su capital, Pantikapaion (hoy Kerch) hasta su destrucción en el siglo cuarto. Sin embargo, Ascherson menciona una supervivencia posterior todavía más interesante de la figura de Mixoparthenos:

«Mixoparthenos sobrevivió de otra manera totalmente práctica. Se convirtió en manilla o asa. Su cuerpo delgado, curvado hacia el exterior, pero enganchado por la cabeza y las piernas de serpiente, se convirtió en un agarradero ornamental en las asas de las tazas de cerámica al horno, o remachada y soldada en los cuellos de bronce o vasijas de vidrio. Se quedó sin nombre pero siguió siendo útil mucho después de que su ciudad se hiciera cenizas y sus hijos salieran de la historia.

Ignorada, la madre de los escitas vive aún entre nosotros. El otro día, en una de las antiguas estaciones ferroviarias de los Habsburgo en Budapest, noté algo extraño al tirar de la pesada puerta doble del despacho de billetes. En mi mano, de latón desgastado y pulido por millones de viajeros había una mujer desnuda dividida por debajo del ombligo en dos serpientes enroscadas» (Neal Ascherson: El Mar Negro)


No es la de Budapest pero se le parece. Picaporte del Virginia Center for Architecture, de aquí

Hemos buscado en vano sus huellas en las estaciones de tren de Budapest, Mixoparthenos no se dejó ver. El picaporte hallado por Ascherson debe haber sido reemplazado. Pero ni siquiera así ha desaparecido sin dejar su huella. Aunque su figura se ha ido fundiendo poco a poco con la de las sirenas normales y corrientes (más precisamente, con su vieja versión de dos colas, la melusina, de la que podríamos encontrar tantos emblemas que la representan), la matriarca escita dividida en una serpiente de dos colas todavía puede ser contemplada hoy en día en lugares tan insólitos como el logo de la cadena Starbuck de cafeterías.

La sirena del logo de Starbucks se ha ido transformando poco a poco en algo más aséptico y estilizado, quizá «cursi». Ver acerca de ello el artículo del escritor natural de Odesa Michael Krakovskiy.