Pero el legajo, además, guarda un impreso curioso. Se trata de una «Carta de Esclavitud» o declaración de ingreso en la Cofradía de los Esclavos de la Virgen. Aún hoy, en ese hermoso pueblo de Canales, en el que solo quedan unos 80 habitantes censados, se celebran fiestas a su patrona, la Virgen de la Soledad, el último sábado de agosto. El eje de la celebración es la romería a la Ermita de La Soledad, allí donde debió haberse firmado el documento que reproducimos y que por su aspecto parece de inicios del siglo XVIII. Quizá alguno de nuestros ancestros se sintió atraído por la Cofradía y acarició en sus manos este papel cuyos blancos tenía que rellenar con su nombre, el de los santos de su devoción, y luego fecharlo y rubricarlo. No lo hizo. El papel quedó olvidado en un arca que por casualidad hoy hemos abierto. Un pequeño misterio entre tantos. Como decía la buena de Dorotea en el capítulo 30 de la primera parte del Quijote: «Todo es milagro y misterio el discurso de mi vida».
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Espacios en blanco
Pero el legajo, además, guarda un impreso curioso. Se trata de una «Carta de Esclavitud» o declaración de ingreso en la Cofradía de los Esclavos de la Virgen. Aún hoy, en ese hermoso pueblo de Canales, en el que solo quedan unos 80 habitantes censados, se celebran fiestas a su patrona, la Virgen de la Soledad, el último sábado de agosto. El eje de la celebración es la romería a la Ermita de La Soledad, allí donde debió haberse firmado el documento que reproducimos y que por su aspecto parece de inicios del siglo XVIII. Quizá alguno de nuestros ancestros se sintió atraído por la Cofradía y acarició en sus manos este papel cuyos blancos tenía que rellenar con su nombre, el de los santos de su devoción, y luego fecharlo y rubricarlo. No lo hizo. El papel quedó olvidado en un arca que por casualidad hoy hemos abierto. Un pequeño misterio entre tantos. Como decía la buena de Dorotea en el capítulo 30 de la primera parte del Quijote: «Todo es milagro y misterio el discurso de mi vida».
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