Hace diez años que murió Miroslav Holub. Nació en 1923, casi a la vez que mi padre. «De profesión inmunólogo, de vocación poeta», diría de él Kapuściński. Desde 1956, miembro fundador del círculo de vanguardia y la revista Květen (Mayo). Me encontré por primera vez con sus delicados poemas a principios de los 90 en la pequeña librería y casa de té próxima a la Capilla Husita de Belén, en Praga, donde se mezclaban textos vanguardistas impresos, ciclostilados y manuscritos, con pañuelos baratos de seda india y un loro chillón. Holub se habría alegrado mucho de ver algo así. De hecho, quizá lo vio. Sí que vio, en todo caso, cómo sus lectores del observatorio de České Budějovice daban oficialmente su nombre al asteroide nº 7496 descubierto en 1997.
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Dos poemas de Miroslav Holub
Hace diez años que murió Miroslav Holub. Nació en 1923, casi a la vez que mi padre. «De profesión inmunólogo, de vocación poeta», diría de él Kapuściński. Desde 1956, miembro fundador del círculo de vanguardia y la revista Květen (Mayo). Me encontré por primera vez con sus delicados poemas a principios de los 90 en la pequeña librería y casa de té próxima a la Capilla Husita de Belén, en Praga, donde se mezclaban textos vanguardistas impresos, ciclostilados y manuscritos, con pañuelos baratos de seda india y un loro chillón. Holub se habría alegrado mucho de ver algo así. De hecho, quizá lo vio. Sí que vio, en todo caso, cómo sus lectores del observatorio de České Budějovice daban oficialmente su nombre al asteroide nº 7496 descubierto en 1997.
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