Los judíos de Georgia. Historia de una diáspora

Hombre judío de Akhaltsikhe, al sur de Georgia. Foto de Dmitri Ermakov

Nuestro nuevo co-autor, Jacopo Miglioranzi estudió lenguas caucásicas y antropología cultural en la Universidad de Venecia. Investiga en antropología de la religión en la ciudad de Akhaltsikhe, en la provincia de Samtskhe, al sur de Georgia, entre los armenios y georgianos locales. Esperamos que comparta regularmente sus conocimientos con los lectores de Río Wang.

Los «judíos georgianos» (ქართველი ებრაელები, kartveli ebraelebi) forman una de las comunidades más antiguas de la región del Cáucaso. Según algunos, llegaron hasta aquí hace 2.600 años, y por tanto serían también uno de los grupos judíos de la diáspora de más larga supervivencia. Lo atestigua una serie de crónicas georgianas medievales, como «La conversion de Kartli» '(მოქცევაი ქართლისაი, moqtsevai kartlisai), fuente extraordinaria para conocer la historia local de la comunidad judía de Georgia. Los judíos georgianos han constituido durante mucho tiempo un grupo especial, diferenciado no sólo de la población indígena local, sino también de la otra comunidad judía, la askenazi.

Los judíos de Georgia trabajaban en la agricultura y la ganadería, la artesanía y el comercio. Por las circunstancias de la diáspora, muchos de ellos cuidaban ovejas y ganado, o cultivaban la tierra, en especial las viñas, pero nunca fueron éstas sus principales ocupaciones. Tales actividades se mantenían en un nivel bajo en comparación con el dinamismo del comercio, y su mayor dedicación era el comercio al por menor. Muchos de ellos vivían de la venta ambulante de dulces y viajaban durante toda la semana por los pueblos de los alrededores, a pie o a caballo, con su mercancía atada a la espalda o en las alforjas. Algunos llegaban a alejarse de sus hogares por meses o hasta un año entero, y sólo las fiestas religiosas les daban oportunidad de volver a casa.

Mujer judía de Akhaltsikhe. Foto de D. A. Nikitin, 1881

De acuerdo con el viajero inglés Tefler, en la parte norte de la provincia de Samtskhe el comercio estaba casi en su totalidad en manos de los judíos de la aldea de Lailashi. La gente de los pueblos les compraba sal, objetos de cerámica o metal y artículos para el hogar, y pagaban a cambio con pieles y animales domésticos. El beneficio era bajo, el riesgo alto, los caminos peligrosos y los vendedores ambulantes eran víctimas frecuentes de los ladrones.

Aquellos buhoneros compraban los productos a mayoristas bien asentados, con tiendas o despachos en el mercado. Estos comerciantes ricos —que se concentraban en buen número en la ciudad de Akhaltsikhe— importaban sus mercancías en el Imperio Otomano. En el siglo XIX, en el momento del auge del comercio entre Europa y Rusia —gracias a la construcción de vías férreas y al desarrollo de las ciudades-mercado del Mar Negro—, un número creciente de comerciantes judíos se trasladó especialmente a las grandes ciudades de los alrededores como Kutaisi, Tbilisi (entonces Tiflis), Batumi y Poti. Esto provocó una transformación típica de la economía local, que no es rara en las comunidades de la diáspora: una sociedad basada en el «movimiento» dio lugar a otra «menos dinámica» basada en la artesanía. No es que estos oficios hubieran estado ausentes de la división del trabajo de la comunidad, pero habían desempeñado hasta entonces un papel menor.

Como muestran los dibujos conservados en el museo de la fortaleza de Rabati en Akhaltsikhe, hasta finales del siglo XIX los artesanos judíos trataban principalmente con telas y estampados, y desde el siglo XX en adelante cada vez más se convirtieron en sombrereros, zapateros, vidrieros, porteadores, cocheros, fabricantes de jabón, o incluso limpiabotas o fotógrafos.

La ciudad de Akhaltsike avanzado el s. XIX. El barrio judío se extiende bajo la fortaleza, más allá del borde izquierdo de la imagen.

La ciudad de Akhaltsikhe, a pocos kilómetros de la frontera con Turquía, notó especialmente el cambio económico ya que su comunidad judía había vivido siempre del comercio con los antiguos otomanos. Esta comunidad sufrió desde principios de siglo un rápido declive demográfico, debido en gran parte a que muchas familias se trasladaron a las ciudades que crecían y a los centros comerciales nuevos.

Después de la llegada del comunismo, a partir de los años 20, el comercio experimentó una disminución aún más drástica e inexorable, mientras se impulsaba el desarrollo de la agricultura y la industria. La nueva política de industrialización, más la secularización, la creación del OZET (Общество землеустройства еврейских трудящихся, Sociedad de Trabajadores Agrícolas Judíos) en 1927-1928, así como el experimento de koljoses bajo control judío, que duró hasta 1938, afectaron profundamente a la estructura familiar tradicional. Las pequeñas y homogéneas comunidades judías, que hasta la década de 1930 habían logrado preservar su lengua, comenzaron a aislarse y fragmentarse entre los distintos koljoses, de manera que su vida comunitaria tradicional empezó a deteriorarse.

La política religiosa del comunismo perdonó a muy pocas sinagogas en Georgia. La sinagoga más antigua de Akhaltsikhe, que aún podría funcionar, fue fundada en 1741. Sin embargo, hace tiempo que dejó de estar activa aunque su edificio de piedra permanece allí entre dos ríos de lodo, como suelen ser las calles de Rabati, el barrio más antiguo de la ciudad. En época soviética se cerró y fue convertida en polideportivo. La sinagoga nueva, construida en la década de 1920 y todavía en funcionamiento, se encuentra tan sólo unos veinte metros más arriba, en un edificio mucho más modesto. Su única seña de identidad es una estrella de David bajo el tradicional techo de chapa.

La primera sinagoga de Akhaltsikhe vista desde la nueva sinagoga, con la fortaleza al fondo

Las primeras comunidades judías de Akhaltsikhe se asentaron en la ciudad hace unos quinientos años. Hoy en día sólo viven aquí una docena de judíos debido principalmente al «movimiento de regreso a Israel». En 1970 vivían en Georgia cerca de 100.000 judíos, que han ido emigrando a un ritmo acelerado en los últimos años, principalmente a Israel, EE.UU., Rusia y Bélgica, por lo que en 2004 sólo trece mil quedaban en su antigua patria. La emigración ha dejado su huella en la liturgia: «los judíos de Akhaltsikhe deben orar de manera abreviada, ya que no hay suficientes para un minyan». Sin embargo, da la medida que tuvo aquella comunidad judía el viejo cementerio en lo alto de la colina sobre el barrio judío, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII. En algunas de las lápidas leemos el tratamiento de «señor» o «señora», grabado así, en español ladino o sefardí. Parece que los judios de Akhaltsikhe son también diferentes del resto de judios georgianos por ser originarios de la Península Ibérica. Otro pequeño cementerio judío se encuentra en la pedanía de Atskuri a orillas del río Mtkvari / Kura, justo enfrente de un sencillo edificio: un baño turco.

Akhaltsikhe, la fortaleza (arriba) y a su derecha, en la ladera pelada, el gran cementerio judío vallado.
Abajo lo vemos desde la iglesia armenia del Salvador


En Akhaltsikhe, en el contexto multi-religioso de católicos, armenios, cristianos ortodoxos, judíos y musulmanes, las comunidades se han tenido que adaptar unas a otras día a día. Característica de la comunidad judía de Akhaltsikhe, al igual que de sus vecinos de Armenia, fue su estructura dinámica y abierta, su «identidad basada en muchos valores» capaz de aceptar la influencia exterior, a diferencia de tantas otras comunidades de la diáspora judía.

A través de los siglos, las tradiciones y costumbres de esta comunidad incorporaron hábitos propios de Georgia, la mayoría, obviamente, de las fiestas populares y religiosas. El impacto de la cultura georgiana se ve claramente en muchas áreas, aunque es igualmente evidente la similitud de las costumbres de las comunidades judías de Georgia con las de las comunidades judías del Kurdistán, de Persia y Turquía, lo que demuestra que, a pesar del aislamiento geopolítico de Georgia, los judíos siempre mantuvieron estrechos vínculos con sus hermanos en la fe más próximos.

La cuestión fronteriza, que se ha agudizado ahora en los países del Cáucaso (piénsese en el conflicto de una década de duración entre Armenia y Azerbaiyán, o en la cuestión de la afiliación de Samtskhe-Javakheti), no era aún tan crucial hace un siglo. Por el contrario, las comunidades de la diáspora en la región (principalmente judías y armenias) florecieron y desarrollaron su espacio propio gracias a la libertad de movimiento y adaptación. Como ya se ha dicho, los judíos de Georgia, en especial los de Akhaltsikhe, pudieron integrarse más activamente en el contexto social y urbano que muchas otras comunidades de la diáspora judía. Esto también deriva de la variedad de conexiones entre la ciudad y las aldeas, cosa importante no sólo para el comercio, sino también en cuanto permitió a las comunidades judías —y a otras— ampliar sus fronteras y su espacio social.

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La calle que sube desde el barrio judío a la iglesia armenia del Salvador