Small ad


“Small ad” is mikron angelion in Greek, just like eu-angelion is “good news”, at least in Classical Greek, because in Modern Greek it is feminine: mikrê angelia. But this small messenger – angelos – who, slipping in through the window of Anna fell into a slumber on the shelf of gardens – paridais – and poems as in his natural milieu, is obviously masculine: mikroangelos.

It is him who inspired this mikrê angelia, sent to our blog by Anna who was encouraged by the ad about the mysterious Dutch holder and curious of the identity and purpose of this figure. Who is he? John Bull, or Johnny Walker at the end of a long day spent in the whiskey distillery? A rabbi, when finally all the guests have left? And what was its intended purpose in this extremely twisted posture?

If you could not reply for the question about the Dutch holder, here you are a second chance.

Sisters


My mother and my aunt.

Resignation. Six years of being the only child, a little girl as beautiful as could be dreamed – blonde, green-eyed, baby-faced – and now they bring you this… What were they thinking?


Usurpation. The newcomer has no doubts about where she belongs, and asserts her rights to occupy the place which was her share, without noticing any problem or conflict.

Ah, the younger sons and their carefreeness in this our modern society! Where are the times told by Duby when they had to roam the world to find a proper place for themselves?

Hermandad


Mi madre y mi tía.

Resignación. Seis años de ser la hija única y niña modelo —rubia, ojos verdes y cara de muñeca— para que le traigan esto... ¿En qué piensan los padres?


Usurpación. La recién llegada no duda de la validez de su pertenencia y se arroga todos los derechos de ocupar el lugar que le ha tocado, sin advertir problema ni conflicto alguno.

¡Ah, de los segundones y su desenfado en esta sociedad moderna! ¿Dónde quedaron los tiempos contados por Duby en que debían vagar por el mundo para reconstruir su ignominia?

A riddle


My sister Teri bought this little wonder in a Dutch curiosity shop as it would fit well to their country kitchen furnished with similar objects trouvés. It will even get along well with the fellow Dutch embroidered splash-guard from the last century. As a practical person, however, she would like to know its original use, hoping that she could use it for the same purpose.


The board of 25×40 centimeters has two little shelves fastened to it at a distance of about 15 cm. They have six notches each like a wooden spoon holder. But the notches are much smaller than that, only 3 millimeters large, and the hole at their end is 5 mm in diameter. Seen from above it looks like this:


The object has a signature as well, “J.E. (?) 1984” in the right lower corner, and a label with the inscription “Corrie en Krijn / Lageweg / Hellevoetsluis / 1984” on the back side. Somebody has already tried to scrape off the label (it is interesting that everybody starts it at the upper right corner) but then changed his/her mind.



Teri has called upon my expertise in things odd and obscure, and I, on my side, place my hopes in the experiences and helpfulness of the Benevolent Readers. I’m interested in every solution.

The secret life of nails


The nail series of Vlad Artazov popped up in the past weeks on a number of sites. But Wang Wei and Pei Di here in the valley of Río Wang do not regard reposting beneath their dignity if it is about something that they would be happy show to their friend. Even the Huangshang was sung of in more than twenty thousand poems in the course of the last two thousand years, and none of the poets considered the chance that his predecessors had already exhausted the topic.




Irony, macro and precision. This meticulously balanced working triangle still topples over to the mere wit sometimes. But just have a look at the boxer, uncertain in his victory, with his head tilt to one side as a question. At the rifled body of the beauty at the mirror and of the expectant mother. The possible grades of self-abasement in front of the Tibetan guru. The unruled recruits and the drill sergeant promoted to a screw. The stripes enhancing the authority of the severe father and the shadow of the wife interceding for the kid which secretly touches him. The allusion to the typical giant poster of the ’80s behind them. The different sharpness of the pole dancer and of her viewer: like the dark male face gazing at the illuminated beauty in Toulouse-Lautrec or Piero della Francesca. The point of a nail piercing in the soil completely or only half way: a world of difference.



































Noratus


Después de ver la destrucción del cementerio armenio de Julfa, iremos a otro cementerio armenio. Pero este ha sobrevivido desde la Edad Media.


Las fotos están tomadas principalmente de Julia y Vitaly Hachatryan (ved más abajo).



Noratus —así es como se transcribe el armenio Նորադուզ pero se suele escribir también Noraduz, quizá porque así se pronuncia en el lugar— es un pueblo de unos mil habitantes, en Armenia, en la orilla occidental del lago Sevan. El cementerio ocupa siete hectáreas en el extremo del pueblo que mira al lago, es el mayor cementerio medieval armenio con algo menos de mil lápidas talladas.




Es un cementerio muy poco conocido, no solo en el exterior, sino también por los propios armenios. Hairenik, autor de un blog (en inglés) de Yerevan, donde escribe con regularidad acerca de sus exploraciones, no tenía noticias de él hasta que acompañó allí a un fotógrafo extranjero.




Con todo, a veces los fotógrafos van a su encuentro. En Internet hay imágenes esparcidas aquí y allá, pero es sorprendente la diferencia que puede haber entre foto y foto, entre ojo y ojo. Y pocos fotógrafos han reproducido toda la fascinación real de este lugar. Dos de ellos, Vitaly Hachatryan y Julia lo han conseguido de una manera soberbia. Estas imágenes son en su mayoría suyas.




Las mil lápidas del cementerio fueron labradas entre los siglos IX y XVII, y abarcan la historia completa de las khachkars, «cruces de piedra», desde las más sencillas tallas rústicas hasta verdaderas obras maestras de complicada e infinita tracería realizadas durante su época de esplendor, en los siglos XIII y XIV. Uno tiene la sensación de pasear por un museo al aire libre. Y desde este punto de vista éste es mucho más completo que el desaparecido cementerio de Julfa. Las casi diez mil lápidas de Julfa fueron erigidas a partir del boom de la ciudad, en el siglo XIV y hasta su despoblación en 1604. En Noratus, en cambio, se colocaron sin interrupción desde los tiempos en que el rey Ashot I, unificador de Armenia tras la invasión árabe, plantó el año 879 la primera khachkar en memoria de su esposa.




Con todo, la historia de las khachkars se remonta a a tiempos muy anteriores. La cruz con hojas ha sido un motivo favorito del cristianismo siríaco desde siglos. Era la «cruz nestoriana» llevada por los avispados mercaderes y misioneros sirios no solo a los armenios, sino también a China y al sur de la India. Es casi sobrecogedor —más tarde escribiremos sobre esto— ver estas cruces de mil seiscientos años de antigüedad en medio de la jungla de Kerala, adonde fueron llevadas desde la frontera armeno-siria por los antepasados de la todavía hoy floreciente comunidad cristiana siríaca. Pero el hecho de que tales cruces con hojas se convirtieran en estelas monumentales al aire libre en Armenia se debió, según la bibliografía consultada, a la existencia de la antigua tradición local de las «piedras vishap», estelas en forma de dragón o pez que se erigían en las riberas de ríos y lagos en honor de Astghik, diosa de la fertilidad. Estas columnas tradicionales, al cristianizarse con el motivo de la cruz, prdujeron el motivo más peculiar del arte medieval armenio. Su desarrollo se vería también influido por la confesión monofisita del cristianismo armenio, que enfatiza la naturaleza divina de Cristo, y así representaban la cruz sin el cuerpo, sobre el disco del sol, disolviendo su materialidad en un infinito tapiz y elevándose a un plano trascendental.




En Noratus, al lado de las khachkars hay también muestras de otro tipo de losas funerales armenias, estelas yacentes que representan elaboradas escenas de la vida de los difuntos: un guerrero volviendo de la batalla con su botín, un caballero tocando el laúd, una ceremonia nupcial, un artesano en su taller.







Las estelas se alinean en la árida llanura, codo a codo como soldados en formación. Esta imagen ya avivó el ingenio de los armenios medievales. Una leyenda local cuenta que cuando el ejército de Timur Lenk invadió Armenia, los habitantes de Noratus colocaron cascos en lo alto de las lápidas y apoyaron en ellas sus espadas. Lograron así amedrentar al enemigo, que se retiró al divisar la imponente armada que les aguardaba sobre la colina




Pero esta leyenda probablemente no expresa más que un pío deseo. El ejército de Timur Lenk visitó Noratus y no se retiró sin ganancia. Destruyeron la fortaleza del siglo IX y la iglesia de Astvatsatsin, de la Virgen con el Niño, en medio del pueblo. Aún pueden verse las ruinas.


La presencia de un cementerio tan rico, así como de una gran iglesia y una fortaleza en la frontera de la Armenia medieval es sorprendente en sí misma. Pero aún choca más que en la frontera sur del pueblo también hubiera un monasterio del siglo IX dedicado al apóstol de los armenios, Gregorio el Iluminador, cuya iglesia ha sobrevivido hasta hoy. Y al norte del pueblo, a orillas del Sevan, aún resiste el monumental monasterio de Hayravank, rodeado de unas cuantas khachkars más.


Plano de Noratus y Hayravank, de armenica.org. La cruz roja indica el emplazamiento del cementerio. La ciudad de Gavar (orignalmente, Nueva Bayazit) fue fundada solo en 1830 por aquellos treinta mil armenios que huyeron de los turcos siguiendo la retirada del ejército ruso desde la ciudad de Bayazit (hoy Doğubayazit) en la frontera turco-persa. Antes de todo esto, Noratus era probablemente el centro de la región.




A la vista de estos monumentos, uno casi siente la necesidad de sustentarlos en una historia que esté a su altura. Pero no es el caso. Como ocurre, por ejemplo, con los mayores monumentos románicos de Hungría, las iglesias de Ják o Lébény que están en pueblos alejados del discurrir de la «gran historia», de igual modo muchos de los más hermosos monumentos de la arquitectura armenia se construyeron aparte de los núcleos principales. Las razones son bastante parecidas. Los siglos IX y X fueron un período en el que Armenia estuvo momentáneamente libre de invasiones bizantinas o árabes, y su desarrollo tanto político como económico pudo iniciarse bajo la dinastía Bagratuni —pero, a la vez, la dinastía no era lo bastante fuerte como para limitar el poder de los señores locales—. Este difícil equilibrio favoreció el establecimiento de un buen número de espléndidos centros, una gran parte de los cuales —o cuando menos sus iglesias— han sobrevivido hasta ahora. La orilla oeste del Sevan era el centro de la rama occidental de los príncipes de Syunik. Este principado, dividido en una compleja red de bifurcaciones —un estudio en ruso se puede leer aquí—, junto con el fuerte Reino de Vaspurakan, permaneció más o menos independiente del Reino Bagratuni, hasta que en el siglo XI Bizancio y más tarde el sultanato Seljuk los ocuparon a todos.


La Armenia medieval, que abraza los «tres mares armenios», los lagos de Van, Sevan y Urumieh, con el autónomo Reino de Vaspurakan al sur y el Principado de Syunik al este. Aquí hay una versión más detallada del mapa de Richard Hovannisian The Armenian people. (La frontera occidental de la Armenia moderna es aproximadamante la línea que une Dvin y Ani.)


Los principados armenios de Syunik y Artsakh (éste conocido más tarde fuera de Armenia como Karabaj) al principio de la recuperación de Armenia en el siglo IX.


El lago Sevan visto desde el Monasterio de Sevan, construido en el siglo IX por Mariam, hija del unificador de Armenia, el rey Ashot I Bagratuni, y esposa de un príncipe Syunik, en la frontera de los dos reinos, en la isla del norte del lago.


Este vídeo (de menos de dos minutos) lo hemos encontrado en un sitio armenio. Un guía, claramente del lugar, presenta el cementerio. Habla armenio, sin subtítulos, pero merece escucharse solo por la música del idioma. Y también porque se parece mucho a aquellos guías locales de otros tiempos —maestros de escuela, sacristanes, gente más o menos letrada— que hasta hace unos veinte años aún ofrecían sus servicios en los monumentos de los pueblos de Transilvania o Bohemia. En general, toda esta región, esta peculiar constelación de desolación, riqueza y destrucción una vez tras otra, nos trae recuerdos de Transilvania.

Entre las tumbas pacen las ovejas, juegan los niños, las ancianas hilan la lana y ofrecen al viajero los calcetines de punto que han tejido allí mismo. Las escenas del pasado y el presente también se enredan en el mismo huso.