Felicidad

Casi no había salido el sol en Palma cuando partimos hacia Budapest. Los húngaros cuando viajan en avión tienen dos costumbres que conviene conocer. Se ponen en la cola de la puerta de embarque en cuanto llegan, aunque falten dos horas para el vuelo o aunque la azafata, como ha sido hoy el caso, les repita varias veces que todavía falta mucho para empezar a embarcar. La otra peculiaridad es prorrumpir en ruidosos aplausos y vítores en cuanto el avión toca tierra, como si el piloto hubiera realizado una peligrosa hazaña acrobática en lugar de un sencillo aterrizaje.

Antes de llegar a la casa de la familia húngara he visto una imagen emocionante bajo el velo de esta llovizna impropia de finales de junio que cubría Budapest. Ha sido como volver a la infancia, pero en este caso una infancia vivida en otro sitio. En nuestra Palma natal también ponían en la puerta, hace mucho tiempo, las botellas de sifón vacías para que las cambiaran por otras llenas. Pero eso era hace mucho, mucho tiempo, cuando aún había serenos rondando las calles por la noche y yo iba a la escuela con pantalones cortos todo el año.

En nuestro interior más profundo la felicidad se llama Budapest.


6 comentarios:

Julia dijo...

Curioso, exactamente lo mismo hacen los argentinos (con las colas para el embarque, los aplausos al aterrizar y en algunos lugares todavía los sifones en la puerta)!!

Stuart dijo...

Me recuerdo que en los años setenta, en vuelos desde Europa hasta los UUEE, los otros pasajeros solían aplaudir al aterrizar el avión. Yo también hubiera aplaudido, si no fuese mi preocupación por no aparecer miedoso. No hay vítores ni aplausos en nuestros días. Me imagino que mucha gente se había vuelto indiferente con el tiempo y el experiencia. O más capaz de disimular.

Studiolum dijo...

Quiza los mallorquines son por completo ajenos a estas dos costumbres porque pasan media vida en el avion, ya practicamente la unica manera de salir de la isla. Hemos hecho tantas colas y hemos aterrizado tantas veces que solo nos faltaria andar aplaudiendo. Pero vemos con mucha simpatia estas muestras de alborozo por el milagro de ir volando de un sitio a otro.

Julia dijo...

"Yo también hubiera aplaudido..."

"...sólo nos faltaría andar aplaudiendo."

Pareciera que la seca Europa no comprende el entusiasmo americano... O teme gastar energías en cosas tan fútiles y fuera de razón...
Por suerte quedan reservorios de humanidad exaltada y no constreñida por las normas civilizadas en la cercana Hungría!
(Digo yo sólo peleando porque poco tengo de exaltación ni de entusiasmo americano)

Studiolum dijo...

Marguerite en su comentario a la versión húngara del post incluyó un video italiano donde los italianos se alaban de ese costumbre como peculiaridad nacional.

Julia dijo...

El video es buenísimo. Ya lo conocía, porque circuló mucho por la Argentina. Bastante identificados nos sentimos, quién lo duda!