La inscripción, escrita en Viena en septiembre de 1919, está en húngaro: «Perdóname por
mi pereza. Mañana tengo un examen. ¡Gracias! Adiós, Aurel». Esto, por tanto, no fue
escrito por Kubelík, aunque él también hablaba bien en húngaro, y su esposa, la
condesa Marianne Csáky-Széll era húngara. Sus ocho hijos
fueron músicos; las cinco hijas, violinistas.
Bowers, héroe de la Guerra Civil Americana, de aquí
Bulat Okudzhava: El Músico
| Булат Окуджава: Музыкант Музыкант играл на скрипке, я в глаза ему глядел, Я не то чтоб любопытствовал – я по небу летел. Я не то чтобы от скуки, я надеялся понять, Как умеют эти руки эти звуки извлекать Из какой-то деревяшки, из каких-то грубых жил, Из какой-то там фантазии, которой он служил. А еще ведь надо в душу к нам проникнуть и поджечь. А чего с ней церемониться, чего ее беречь. Счастлив дом, где пенье скрипки наставляет нас на путь. И вселяет в нас надежду; остальное - как-нибудь. Счастлив инструмент, прижатый к угловатому плечу, По чьему благословению я по небу лечу. Счастлив тот, чей путь недолог, пальцы злы, смычок остер Музыкант, соорудивший из души моей костер. А душа, уж это точно, ежели обожжена, Справедливей, милосерднее и праведней она. | Bulat Okudzhava: El músico Un músico tocaba el violín. Le miré a los ojos. No es que yo fuera curioso – estaba volando a los cielos. No es que estuviera yo aburrido – sólo confiaba en entender: cómo pueden estas manos suscitar estos sonidos de alguna especie de madera de alguna especie de tripas rudas de alguna especie de fantasía que él usaba – porque ahí debe haber aún alguna cosa más que penetra en nuestra alma que festeja con ella y que la salva. Feliz es la casa donde la canción del violín nos enseña el camino y nos da esperanza – todo lo demás irá de algún modo. Feliz es el instrumento, que se aprieta sobre el hombro huesudo cuya bendición hace que esté volando a los cielos. Feliz es quien, directamente, con dedos nerviosos y un arco afilado, como músico, es capaz de prender una hoguera en mi alma. Y el alma, esto es seguro, cuando ha ardido en este fuego, es para siempre más limpia más justa y misericordiosa. |
de su rostro. Era absolutamente extraordinaria. Si hubiera nacido en Berlín,
Londres o París habría sido un violinista de primera clase»
(André Kertész: Kertész sobre Kertész)
Entre las imágenes de One-way solamente una no revela su título, autor ni año. Es una foto de André Kertész, tomada hace ahora noventa años a pocos kilómetros de Budapest. Sobre ella Andrzej Stasiuk escribe estas reflexiones en en su Jadąc do Babadag (De camino a Babadag, 2004 —traducción de Alfonso Cazenave):
Hace cuatro años que esta foto me obsesiona. Donde quiera que vaya, busco sus versiones tridimensionales y en color y a menudo me parece haberlas encontrado. Así fue en Podolínec, en las callejuelas laterales de Lőcse/Levoča, en el incandescente Gönc, donde estuve buscando una estación de tren que resultó ser un edificio vacío y en ruinas, y hasta la noche no salía ningún tren. Lo mismo en Vilmány, en un andén abandonado en medio de los campos infinitos sumergidos en un calor sofocante, lo mismo en la plaza del mercado de Dilyatin, donde unas ancianas vendían tabaco, lo mismo en Kvasy, donde el tren ya se había ido y no había ni un alma alrededor, a pesar de que las casas estaban pegadas unas a otras. Y en Solotvyn, en medio de los pozos mineros inmóviles y cubiertos de un polvo salino, y en Dukla, donde del desfiladero soplaba un viento pesado y monótono. En todos esos lugares, sobre la pantalla transparente del espacio se superponía el André Kertész de 1921, como si justamente entonces se hubiera parado el tiempo y a causa de ello el presente resultara un error, una burla o una traición, como si mi presencia en esos lugares fuera un anacronismo y un escándalo por haber venido del futuro, lo cual, aparte de no convertirme en más listo, me hacía estar más asustado. El espacio de esta foto me hipnotiza y todos mis viajes sirven tan solo para al final encontrar el acceso oculto a su interior.
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