«Si me preguntan dónde está el Paraíso»


Milenium —escrito así— es el nombre del taller, porque el dueño se llama Milen. La gente se ha dado cuenta de que Milen cuida las bicicletas como nadie y en poco más de un año el pequeño local se ha ido abarrotando hasta el techo.


Los antiguos talleres de bicicletas de la ciudad han desaparecido. En mitad de La Rambla, en Palma, había uno donde yo llevaba la mía cuando el estropicio era tan gordo que no podía arreglarlo solo. Aquello era una cueva oscura, con las paredes y el suelo negros de grasa. La habitaba un oso gruñón, más sucio aun que las paredes del taller. Vestía siempre una especie de delantal azul y se sentaba en un taburete ante un barreño de zinc con agua para averiguar por las burbujas dónde estaba el agujerito de la goma. Aquel sitio fabuloso hace mil años que se convirtió en una perfumería anónima.






La cueva de Milen es blanca y entra buena luz por la pared de cristal. Él no es un oso. Entre los muchísimos animales de los bosques y ríos de la Tracia búlgara donde nació, en la falda meridional de los montes Ródope, casi tocando a Grecia, no hay osos. Le pregunto por su pueblo, Ivaylovgrad, y Milen se limpia las manos, abre un cajón y saca cuidadosamente una bolsa de plástico con algunas fotos y un libro sobre la zona. Me enseña las fotos y me presta el libro para que lo lea. Me dice: «Si me preguntan dónde está el Paraíso, sé que está aquí».




Llevo un día entero leyendo cosas sobre Ivaylovgrad. Obviamente el Paraíso está allí. También está allí. Solo me pregunto si es así porque está lejos o porque está en otro tiempo. De este Ivaylovgrad de Tracia que acabo de conocer parte una carretera que conduce directamente hasta el barreño de zinc de la cueva del oso, justo a mitad de La Rambla, hace mil años. Otras veces me pregunto si hay algún Paraíso en el futuro. De haberlo, me gustaría llegar a él en bicicleta.





Broken bicycles (Botanica)