Santa Ninó (წმინდა ნინო) (Kolastra ca. 296 – ca. 338), tan venerada por la Iglesia Ortodoxa Georgiana, goza de dos festividades al año. La primera en pleno invierno, el 27 de enero, y la segunda es hoy, 1 de junio.
Según la tradición, el rey, mientras cazaba en un bosque profundo y oscuro, perdió el camino, y solo lo encontró después de orar al «Dios de Ninó».
Como en la Divina Comedia de Dante, con el bosque oscuro se representa una vida (y el reino de Kartli/Iberia) que carece de la luz de Cristo, simbolizada en el sol. El rey Mirian y su reino habían vivido hasta entonces en la oscuridad, confiando en falsos dioses.
La conversión a la luz verdadera les permite ver el sol a medianoche, «el sol de la verdad en medio de la noche»
| Nel mezzo del cammin di nostra vita mi ritrovai per una selva oscura, ché la diritta via era smarrita. Ahi quanto a dir qual era è cosa dura, esta selva selvaggia e aspra e forte, che nel pensier rinova la paura! Tant’è amara che poco è più morte; ma per trattar del ben ch’i’ vi trovai, dirò de l’altre cose ch’i’ v’ho scorte. Io non so ben ridir com’i’ v’intrai, tant’era pien di sonno a quel punto che la verace via abbandonai. | A mitad del camino de la vida me hallé perdido en una selva oscura, porque me extravié del buen camino. Es tan difícil relatar cómo era esta selva salvaje, áspera y ardua, que al recordarlo vuelvo a sentir miedo. Solo la muerte es más cruel y amarga; pero antes de hablar del bien que hallé, diré las otras cosas que ocurrieron. No sé explicar muy bien cómo entré allí, porque tenía mucho sueño cuando abandoné la senda verdadera. |
(Dante Alighieri, Inferno I, 1-12, traducción de José María Micó)
En el momento de su conversión, San Pablo también vio una luz brillante:
«Pero aconteció que yendo yo al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo. Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas. Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco. Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista, y lo miré. Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.» (Hechos, 22:3-16)
«El que no era capaz de ver la luz en pleno día, llegó a verla en la oscuridad de la noche. […] Es la luz espiritual la que ilumina al sol real. Es la luz de este sol la que entra en la tierra de Kartli, el “reino del norte”, es decir, el reino carente del sol espiritual, oscurecido por el pecado, “cuyo velo cubre las cumbres más altas de sus elevadas montañas”.»
«Cerca de la ciudad de Urbnisi, [Santa Ninó] se encontró con gentes que adoraban dioses paganos: éstos personificaban el fuego, la piedra, la madera. Ella se unió a un grupo que iba a Mtsjeta, la gran ciudad y sede de los reyes, para vender sus mercancías y adorar al dios Armaz. “Lloré y oré a Dios” —dijo Ninó— “porque vi cómo este reino del norte está perdido, porque le falta la luz, y ha sido conquistado por la oscuridad.” […] Ninó, angustiada por este pueblo que vive en tinieblas, ora a su Dios, que se había hecho hombre para la salvación de los hombres, para que les muestre la luz verdadera.»
La imagen de las montañas georgianas alude también a los lugares de culto y las estatuas idolátricas precristianos, que, vistas desde la perspectiva cristiana de la historia de la salvación, cubren con la niebla de la falsa fe.
Y así ocurrió:
«Cuando terminó su oración, un gran viento vino del oeste, se oyó un terrible trueno y aparecieron grandes nubes en el cielo, que comenzaron a moverse contra las estatuas idolátricas. La gente, sobrecogida por un gran terror, huyó. Las nubes se abrieron, y de ellas cayó granizo. Los ídolos fueron reducidos a polvo, y el viento esparció el polvo por las montañas. Solo permaneció intacto el rubí del casco de Armaz. Cuando la tormenta cesó, Santa Ninó lo encontró. Lo recogió y lo llevó a la antigua ciudad de Mtsjeta, que estaba destinada a convertirse en la cuna de la conversión. Así fue como se destruyeron el antiguo Kartli y sus antiguos dioses, aunque no del todo, pues los ídolos erigidos en las almas aún no habían sido destruidos.»
No es casualidad que, al inicio de su intento de convertir Kartli al cristianismo, Santa Ninó erigiera la primera cruz —hecha de madera de vid y atada con su propio cabello— en la alta montaña sobre Mtsjeta.
Después de esto, hacia el año 327, el rey declaró el cristianismo como religión oficial. Así Georgia se convirtió en el segundo país cristiano (después del reino armenio, ca. 301)
(Todas las citas sin indicación provienen del libro de G. Shurgaia Santa Nino e la Georgia)
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