Los Niños del Paraíso

Behesht-e Zahra, al sur de Teherán, es seguramente el mayor cementerio de Irán. Toma su nombre —Paraíso de Zahra— de Fátima, cuarta hija de Mahoma y esposa del santo califa de los shiíes, Alí, pues a ella se la conocía por az-Zahra, «la luminosa». Aquí yacen algunos de los principales líderes de la República Islámica, empezando por el Ayatolá Jomeini, quien al volver a Irán después de la Revolución pronunció en este cementerio su histórico discurso del 1 de febrero de 1979. Yacen aquí muchos de los soldados iraníes que —hasta en número de un millón— murieron en la guerra Iraq-Irán, que duró ocho años. Y también descansa en esta tierra Neda, la mujer de veintiséis años asesinada el pasado verano, el 20 de junio, durante las manifestaciones en Teherán. Cada día, mucha gente, de los dieciséis millones de habitantes que tiene la capital, encuentra algún motivo para acercarse hasta el cementerio.

Una autopista de varios carriles lleva de la ciudad al cementerio. En todo su recorrido, sea verano o invierno, puede verse a los pequeños vendedores de flores, a quienes llaman «los niños del paraíso»,  intentando vender hasta la noche, por 5000 tomans (unos 3 dólares), todas las flores que compraron al amanecer en el mercado por 3000 tomans (unos 2 dólares). Aquí, en los barrios más pobres de Teherán, esta diferencia significa el sustento de familias enteras.

Con todo, Mansure Motamedi en su colección de fotos de estos vendedores de flores no subraya la obvia miseria, sino que observa la belleza y la alegría que empapa la dureza alrededor de los niños. Una visión similar se encuentra en el hermoso film de Majid Majidi sobre la vida de los niños pobres en los barrios al sur de Teherán y cuyo título recuerda a los pequeños vendedores de flores del paraíso de Zahra: The children of heaven.