Yo no lo he dicho

Miniatura de Jaime I tocando el arpa, obra de Domingo Crespí. Llibre de privilegis de Alzira
(conocido erróneamente como Aureum opes), confeccionado a fines del siglo XIV

Según leemos en algunos conocidos repertorios que recogen clichés narrativos populares relacionados con la política imperante, vemos que en la llamada Europa del Este se reavivó un tipo de chiste cuyo mecanismo ingenioso debe ser tan antiguo como la propia habla.

Esta es una versión rumana:
Estamos en octubre de 1944 en Bucarest. Un hombre se acerca, muy alterado, hasta la comisaría de policía para hacer una denuncia:
—¡Dos soldados suizos han entrado en mi casa! Han robado todo lo que han podido cargar y han violado a mi mujer y a mi hija.
—¿Pero qué dice, buen hombre? ¿Soldados suizos? No hay ni un solo soldado suizo en Rumanía.
—Le digo que eran soldados suizos, ¡si lo sabré yo!
—A ver, piénselo bien… debían ser soldados rusos.
—¡Usted lo ha dicho, señor, no yo!
(Banc, C. y Alan Dundes, First Prize: Fifteen Years! An Annonatetd Collection of Romanian Political Jokes, Londres - Toronto: Associated University Presses, 1986)
Y esta es una versión checa:
Pepik llega corriendo por la calle hasta un policía y le dice muy alterado:
—¡Un soldado suizo me ha robado mi reloj ruso!
El policía le corrige amablemente:
—Usted seguramente quiere decir que un soldado ruso le ha robado su reloj suizo.
—Bueno, esto lo ha dicho usted, no yo, señor policía.
(Köhler-Zülch, «Der politische Wilz und seine erzählforscherischen Implikationen», en Medien popularer Kultur, Frankfurt - Nueva York: Campus Verlag, 1995)
Entrada del rey a caballo en la ciudad de Valencia, ya rendida. Murales del Castillo de Alcañiz

Ambos chistes repiten un esquema narrativo de transmisión oral («usted lo ha dicho, no yo») estudiado por Theodor Zachariae en 1915: «Ihr sagt es, nicht ich!», Zeitschrift für Volkskunde 25 (402-408). Tanto los chistes, como los cuentos populares que se transmiten oralmente comparten la característica de tener, casi siempre, protagonistas anónimos y evitan las localizaciones temporales y espaciales muy concretas. Pero hay excepciones, y algunas épocas y ciertos personajes generan sus propias series de anécdotas chistosas que van modulándose y desarrollándose de boca en boca. Los personajes históricos extraordinarios también pueden asumir esquemas que en su origen nacieron con personajes anónimos.

El chiste que acabamos de mencionar va aplicado a la ocupación soviética, pero Zachariae encontró una variante con protagonista conocido en Persia: el Sha Abbas I (1557-1629), gran mecenas, modernizador y revitalizador del país tras derrotar a uzbekos, otomanos y portugueses y recordado por todo ello con mucho cariño. Otra, más moderna, se encuentra aplicada a Federico II de Prusia, El Grande (Berlín 1712 - Potsdam 1786), igualmente querido y valorado por sus súbditos hasta convertirse en una figura inmensamente popular. Incluso el admirado rey Matías Corvino de Hungría (1440-1490) gran impulsador del humanismo y la cultura en el país, responsable de un auténtico Renacimiento húngaro y fundador de una imponente biblioteca, ha visto aplicado a su persona el esquema de cuento popular «usted lo ha dicho, no yo».

Probable retrato de Jaime I. Miniatura del Vidal mayor, compilación del Fuero de Aragón
redactada por el obispo de Huesca, Vidal de Canellas entre 1247 y 1252.
La miniatura está en la versión en castellano (c. 1300).

Estos casos que acabamos de enumerar son algo diferentes al chiste rápido que hemos anotado al principio. Para no repetirlo, vamos a contar uno aplicado al rey más querido en Mallorca, Jaime I «el Conquistador» (1208-1276), rey de Aragón, de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgell y señor de Montpellier, casado en segundas nupcias con Violante de Hungría, con quien tuvo ocho hijos.

Jaime I presidiendo las cortes celebradas en Tortosa en 1225 (Llibre Verd de Barcelona)

Parece la coronación de la Virgen, pero es Jaime I en una miniatura del Llibre de franqueses i
privilegis del Regne de Mallorca
. El rey recibe el código de manos de un prelado. Abajo
aparece un monje en su scriptorium, seguramente el autor del códice. Archivo
del Reino de Mallorca. Dentro de unas semanas la Universidad de las Islas
Baleares, en coedición con el editor Olañeta, publicarán un volumen
con el texto de este libro junto a una colección de estudios

Jaime I con sus consejeros, entre ellos un obispo. Miniatura del manuscrito de los Usatges
de Barcelona
, del s. XV. Archivo del Concejo de Lérida

Vemos al rey con fray Miquel Fabra. Éste, durante el asedio de Jaime I a Medina Mayurqa,
junto con otro predicador, fray Berenguer de Castellbisbal, futuro obispo de Gerona
(a quien el rey luego haría cortar la lengua presuntamente por haber revelado
un secreto de confesión), arengaban y bendecían a las tropas

Juramento de fidelidad de los vasallos a Jaime I. Miniatura del Llibre verd de Barcelona, s. XIV

El cuento se recoge en las recopilaciones de Joan Amades (1950) y Francesc Gascón (1999), y en el volumen 23 de las Rondalles mallorquines d’en Jordi des Recó (1936-72) que hizo Antoni Mª Alcover, esta es la que vamos a reproducir, aunque –a diferencia de las otras– no menciona explícitamente el nombre de Jaime I. Lleva el título de «Es cavall del rei» (el caballo del rey). La traducimos del original catalán:
Esto era un rey que tenía un caballo al que quería mucho. El caballo cayó enfermo y el rey llamó al veterinario para que le dijera si la dolencia que sufría se podría curar. El veterinario lo examinó bien y luego dijo que no tenía cura. Entonces, el rey se afligió mucho y ordenó a los criados que llevaran al caballo a la orilla del mar y que hicieran cuanto fuera posible para sanarlo. Y les avisó de que a quien le trajera la nueva de que el caballo había muerto, lo haría colgar inmediatamente. Al cabo de dos días, el caballo murió y, mientras los criados deliberaban sobre cómo hacer para darle la noticia al rey, vieron pasar a un tonto que era capaz de cualquier cosa, y le dijeron:
—¿Quieres llevarle una noticia al rey?
Y el respondió:
—¿Y qué me daréis a cambio?
Los criados le prometieron mil libras y le dijeron de qué se trataba. El tonto estuvo de acuerdo, fue a ver al rey y le dijo:
—¿Sabes aquel caballo que enviaste a la orilla del mar por ver si allí lo curaban? Pues no come.
—¿Cómo puede ser eso? —respondió el rey.
—Sí. Y tampoco bebe.
—Qué me dices…
—Ni mea.
—Esto no puede ser…
—Ni caga, ni respira…
—Entonces está muerto —dijo el rey.
—Eres tú quien lo ha dicho —respondió el tonto—, no yo.
Y dio media vuelta y se fue a ver a los criados, que le dieron mil libras.
Y allí quedó el rey chasqueado.
La sangrienta Batalla de El Puig, durante la conquista de Valencia. Tras el rey, que atraviesa
con la lanza la adarga y el tórax de un enemigo, San Jorge clava
la espada en la cara de otro musulmán

Diferencias entre el armamento y la forma de batallar entre moros y cristianos. Retablo de san Jorge, de Jérica, obra del círculo de Marçal de Sax, c. 1420

Quien quiera más detalles sobre esta «rondalla» mallorquina y sobre muchas otras tradiciones populares relacionadas con la figura del rey Jaime I «el Conquistador» puede leer el volumen coordinado por Carme Oriol y Emili Samper, El rei Jaume I en l’imaginari popular i en la literatura, Tarragona: Universitat Rovira i Virgili - Universitat de les Illes Balears, 2010.

Cimera del casal de Barcelona, dicha de Martín el Humano, que se conserva en la armería del
Palacio Real de Madrid. Se identificó después con Jaime I. Esta en concreto data del siglo
XV y procede de Mallorca, donde, como cuenta Antoni Furió «se utilizaba en la Fiesta
del Estandarte, que conmemora la conquista de la ciudad. En 1831 fue reclamada
por la monarquía española y desde entonces se encuentra en Madrid. A pesar
de las peticiones continuas para que sea devuelta a la isla, hasta ahora
sólo se ha logrado que la Real Armería enviara una copia, de
bastante mala calidad, en 1994, que se expone en dicha
Fiesta del Estandarte —31 de diciembre—» (El rey
conquistador. Jaime I: entre la historia y la
leyenda
, Castellón, Universidad
Jaime I, 2007, p. 124)